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Todos los varones tienen en algún momento de su vida la duda de si "duran" lo suficiente o no, de si son eyaculadores precoces o no. Esto es un miedo generalizado y aumentado por los medios, que muestran que una relación sexual debe durar horas. Pero la verdad es diferente, lo que muestran esas películas tan socorridas es solo eso: mera película.
Para enteder cuando se tiene este trastorno es necesario estudiarlo más a fondo y conocer estadísticas. Pero lo primero que debe saber, es que hay una cura muy sencilla.
Lo primero, ¿qué es la eyaculación precoz?
La eyaculación precoz es la disfunción sexual más común y también la menos tratada. Es una disfunción y no enfermedad porque en el 99% de los casos así es. Hay casos poco comunes de desórdenes neurológicos. Muchos sitios definen la eyaculación precoz: "cuando el hombre, eyacula antes de un cierto periodo de tiempo". Es obvio y evidente. No obstante, nos gustaría darle una definición más exacta: La eyaculación precoz es la falta de control sobre el reflejo eyaculatorio, por tanto es una disfunción sexual de la fase del orgasmo durante la relación sexual.
Vea el siguiente gráfico:


En una relación sexual normal la excitación aumenta progresivamente hasta la fase llamada "meseta", disfrutando de su placer sexual (subiendo y bajando la excitación, ver gráfico) hasta el momento en que, de forma voluntaria (a menudo cuando la mujer llega al orgasmo), se provoca la eyaculación y orgasmo. El eyaculador precoz no puede permanecer en la fase de "meseta", sino que existe una excitación rápida y una eyaculación precoz e involuntaria.
Tenga en cuenta que la duración media del coito son 14 minutos desde la penetración a la eyaculación. No quiere decir 14 minutos haciendo el amor sin parar, pues en este tiempo se incluyen paradas, cambios de postura sexual, tocamiento de pechos y otras actividades sexuales.
Existen en el organismo reflejos sujetos al control voluntario y otros no: la erección masculina no puede controlarse, la eyaculación y el orgasmo sí.
El eyaculador precoz, no puede ejercer este control y eyacula de forma refleja apenas ha alcanzado un nivel mínimo de excitación.
La eyaculación precoz es una disfunción sexual frecuente y muy frustrante para quien la padece y su pareja.
¿Cómo reaccionan el hombre y su pareja?
Como la eyaculación precoz es una dificultad en la que el hombre no es capaz de ejercer un control voluntario sobre su reflejo eyaculador, en consecuencia, cuando está excitado alcanza con mucha rapidez el orgasmo. Ello da como resultado la imposibilidad de realizar bien el acto sexual con un ajuste erótico con la pareja satisfactorio para ambos, ya que el hombre no puede prolongar mucho los preliminares sexuales, tan necesarios para una gran mayoría de mujeres y cuya respuesta sexual suele ser más lenta que la del hombre. Es decir que en muchas ocasiones el hombre está tan preocupado por la idea de que si llega a un nivel alto de excitación eyaculará pronto y se termina el acto sexual, que no se acopla con su compañera, y el resultado es que su pareja se siente rechazada ante una conducta que ella percibe como fría y desinteresada, entrando así en un circulo de enfados y evitaciones que dificulta el placer sexual.
¿Qué tan frecuente es?
La eyaculación precoz es una disfunción sexual más frecuente de lo que parece. El 28 % de los hombres la padecen en mayor o menor medida. Unos afrontan la eyaculación precoz a los 25, otros a los 30 y otros, incluso más tarde. Lo cierto, es que la mayoría, padecen esta disfunción eyaculatoria desde la pubertad.
¿Cuál es el tratamiento más eficaz?
En ciertos casos es necesario explicarles que si no pueden controlar su ansiedad e impaciencia en el consultorio (algo así como el "cúreme rápido, doctor") tampoco podrán hacerlo en el lecho. En otros casos, especialmente en ciertas personalidades fóbicas con intensa sensación de angustia o temor, es necesario recetarles medicación antifóbica o ansiolítica, generalmente mientras dure el tratamiento. Hay médicos que utilizan indiscriminadamente diversos antidepresivos y sedantes, sin saber que, con ciertas dosis y en ciertos pacientes, pueden inhibir el deseo, agravar o generar cuadros de impotencia, problemas prostáticos y urinarios, glaucoma, insomnio y sedación intensa, mareos o ansiedad.
No digo que no se puedan usar y, de hecho, se prescriben en ciertos y precisos casos, pero es recomendable que los indique alguien que conozca lo suficiente de psicofármacos y qué dosis se dan de estos para la eyaculación precoz y así no acarrear más problemas al paciente: la prescripción de algunos antidepresivos para esta disfunción está en controversia y no del todo avalada en algunos círculos académicos, a pesar de que se usan con profusión. Mi opinión es que son efectivos como coadyuvantes en las Terapias Sexuales ya que su uso aislado crea fracasos terapéuticos o dependencia a la droga.
Se le puede aconsejar que lean libros de divulgación de temas de sexología: creemos que el 1er nivel terapéutico es el de una información tranquilizadora. Incluso hay libros de autoayuda. Algo que particularmente se debería desaconsejar al eyaculador precoz es la utilización del coitus interruptus, de por sí un pésimo método de control anticonconceptivo, ya que se basa en percibir las sensaciones previas al orgasmo y retirar el pene para eyacular fuera de la vagina. Como los individuos que lo padecen no tienen un control claro y voluntario de estas señales, la aplicación del coitus interruptus tiene resultados desastrosos: hay peligro de embarazo no deseado y además le aumenta la ansiedad por tener que estar pendiente de la situación en lugar de gozarla.
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